Soy Carlos Anaya.
Un ciudadano que decidió no callarse.
Entendí muy temprano que en Colombia el problema no es solo el poder mal usado, sino el silencio de quienes saben que algo no está bien y prefieren mirar a otro lado. Yo no acepté ese silencio. Tomé un celular, empecé a hablar, a cuestionar, a decir verdades incómodas. Y la gente empezó a escuchar.
No tengo padrinos políticos. No vengo de maquinarias. Vengo de la calle, de la conversación real, del inconformismo que no se resigna. Lo que comenzó como una voz individual se convirtió en una comunidad que piensa, debate y exige respuestas.
Cuando esa voz empezó a incomodar, llegaron los ataques. Me han señalado, me han intentado desacreditar, incluso desde el poder. Pero lejos de detenerme, eso me confirmó que estoy tocando fibras que muchos prefieren no tocar.
No me vendo como salvador. No juego a la neutralidad cuando hay injusticia. Me paro como defensor: de la verdad, de la coherencia y de una ciudadanía que ya no pide permiso para opinar.
Cuando me atacan, produzco más.
Cuando me señalan, no me escondo.
Cuando intentan silenciarme, levanto más la voz.
No soy perfecto.
Pero soy constante, incómodo y difícil de domesticar.
Y en Colombia, eso no solo es peligroso para quienes abusan del poder…
es necesario para quienes creen que este país puede cambiar.

Hi, this is a comment.
To get started with moderating, editing, and deleting comments, please visit the Comments screen in the dashboard.
Commenter avatars come from Gravatar.